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Entre Ramas

Cuentos

JUNTAS DE NUEVO


Hace algún tiempo escribí: “Tú siempre estás, jamás he imaginado un solodía en que no estés”. Pero ahora, es una realidad, no tengo que imaginarnada porque ya no estás, cambiaste tus vestiduras viejas por unas nuevas y te fuiste.


Se que estás mejor, que nunca estuviste tan bien como en este momento,pero...me haces falta, te extraño, ¿Será egoísmo? ¿Dependencia? ¿Miedo? no se. Me acostumbré a verte cada vez que así lo deseara, me acostumbré a tus llamados, a pasear junto a ti. A leerte, lo que tanto disfrutabas.


Hoy siento un vacío enorme, camino y mi mirada no se fija en ningunaparte, salvo en alguna cosa que pueda empujar con mis pies. Mis hombrosparecen cansados pues no logran estar erguidos y mis pasos... mis pasoscada vez son más lentos. No quiero hablar con persona alguna de lo queestoy sintiendo. Deseo estar a solas o contigo, pero tú no estás.


¿Sabes? no recuerdo si me quedó alguna deuda pendiente contigo, aunquecreo que no; pienso que todo está saldado. Voy a continuar buscando y si fuere el caso de tener algo pendiente lo estaré depositando a los que dejaste acá y con intereses porque tú me diste todo lo que yo necesitaba.


Te ruego me perdones si tardé mucho tiempo en cancelar mis deudas. Cuando me dí cuenta que te estabas alistando para irte me apresuré y fui abonando cada día un poquito. Lo último que hice fue escribir un poema dedicado a ti y leértelo. Te gustó tanto que ese día me diste un beso, creo que si alguna vez pensé que me debías algo ese beso fue suficiente.


Mis emociones se han calmado porque tengo la seguridad de que te veré de nuevo. Mis vestidos estarán listos en el momento justo y así en lugares de delicados pastos juntas podremos descansar.


Autora: Marleni Ramos

           Caracas, Venezuela

Un Cuento Corto.-

EL BAÚL

Cuando me di cuenta me encontraba caminando en un espeso bosque. Había árboles tan grandes que me parecía llegaban hasta el cielo. También había muchos obstáculos los cuales fui superando a medida que los encontraba. Unos mas difíciles que otros pero al pasar por ellos, me daba cuenta que podía seguir avanzando, y que sin importar que otras cosas pudiera encontrar, seguiría adelante.

A pesar de los inconvenientes que había atravesado, el bosque conservaba una belleza mágica, me envolvía como un capullo en su niebla. En algunos parajes el sol no se atrevía a entrar, pero en otros, me iluminaba sin ninguna timidez. Continué mi caminata y escuche a lo lejos, el tenue sonido de una cascada que me hizo evocar otros lugares, lugares donde la calma era la sensación que reinaba. Con esa sensación me fui aproximando al sitio de donde provenía tanta paz. 

Cada vez la emoción por estar allí era más fuerte. Finalmente llegue. Al acercarme a la orilla pude observar que sus aguas no ocultaban nada, eran tan cristalinas..., se veían tan puras que más que bañarse lo que provocaba era limpiarse con aquellas aguas, limpiarse de todo lo impuro que llevamos dentro. Se podían divisar las piedras y todo lo que estuviera dentro. Deseaba quedarme allí. No sentía cansancio, dolor, rabia, nada que pudiera perturbarme. Pero un brillo inusual que provenía del río me sacó de mi éxtasis, me introduje al agua y lo vi. 

Era un baúl antiguo. Su color era negro, estaba cerrado con correas y hebillas grandes, una a cada lado; por su apariencia desgastada daba la impresión que tenía unos treinta y cinco o cuarenta años hundido o que era el botín que alguien había enterrado y sin saber porque había llegado hasta allí. 

Algo me decía: - sácalo, sácalo -lo saqué y sin perder tiempo procedí a abrirlo. ¡No se imaginan la sorpresa que me lleve cuando descubrí su contenido! Por dentro el baúl estaba intacto, seco. Era de terciopelo rojo y estaba lleno de muchas piedras preciosas de todos colores: Jaspe, ópalo, rubíes, diamantes, brillantes y otras que yo desconocía pero igual de impresionantes. 

Estaba tan maravillada por mi hallazgo que apenas si pude escuchar una voz que me susurraba al oído: - Así eres tú, con muchas cosa bellas para dar..., a la cuenta de tres vas a volver al aquí y al ahora -. Al despertar mis ojos, estaban bañados en lágrimas y me encontraba acostada en el diván como todos los lunes.
 

FIN
 Autora:  Marleni Ramos

Cuento: El NiƱo y La Piedra

 Una vez más, como todos los días Abdiel se encontraba tratando de levantar la gran piedra que se encontraba en el patio de su casa, para él esa piedra era un gran obstáculo pues se interponía entre su bicicleta y él. Ella, la piedra, no podía vencerlo, era él o la piedra. Alguno de los dos debía desaparecer y estaba convencido de que él no era.

Siempre recordaba lo que un día cuando era mucho más pequeño su abuelita le había dicho: - Abdiel recuerda que “Todo lo puedes en Cristo que te fortalece” . Para él lo que decía su abuela era Ley.

Y así día tras día lo intentaba y viendo que algunas veces no podía se molestaba y en su rostro se evidenciaba el enojo porque su cara se ponía roja, su entreceño se fruncía y salía diciendo. - No importa se que mañana lo lograré.

Recuerdo que fue así como Abdiel aprendió a montar en la patineta se caía y se paraba, se raspaba las piernas y se paraba, en la bicicleta era igual una y otra vez hasta que la dominaba y luego fueron los patines, trabajó con mucha perseverancia y siempre lograba lo que se proponía y victorioso se mostraba orgulloso de sus logros.

Abdiel era un niño muy inteligente, alegre y vivaz, con una sonrisa esplendida que llenaba todos los rincones la casa. Era muy amado y él así lo sentía. Todo lo quería saber, todo lo preguntaba.

Pasaba largas horas sentado hablando con su abuelita y preguntaba y preguntaba:

- y dime ¿Cómo es eso de que del aire que respiramos? ¿Por qué los viejitos se mueren? ¿Cómo es el cielo? ¿Dónde esta Dios? ¿Y si yo me como el corazón de un pollo me estoy comiendo a Dios también? para luego ambos reir y continuar diciendo abuelita ¿Cómo es que tú sabes tanto?

A el le gustaba que lo acompañaran a jugar con sus máquinas: primero fue su Game boy, luego el Play Station y ahora el dichoso X-Box. Se acercaba con su carita de pícaro y cómo un gatito meloso ronroneando: - Abuelita vamos a jugar tetris, o carrera de carros, bomber man ¿Sí? y así infinidades de juegos porque llegó a tener una gran colección de estos juegos en DVD.

Pasaba tantas horas jugando con sus modernos juguetes que el tiempo inexorablemente transcurrió casi sin darse cuenta y a él se le olvidó la gran piedra del patio.

Un día su abuelo se encontraba arreglando el jardín del patio y él asomándose por la ventana corrió a ensuciarse con tierra con el pretexto de ayudar al abuelo. Cuando de pronto divisó la piedra que tanto le había costado y que aún no había podido sacar. Como hipnotizado por ella fue caminando lentamente hasta que estuvo bien cera y le dijo:

  • Te llegó el momento piedrita, hoy te voy a sacar.

El abuelo viendo lo que Abdiel se proponía lo llamó al momento que le decía:

  • Abdiel, Abdiel toma, con esta palita te puedes ayudar.

Él presuroso corrió, tomó la palita y comenzó a sacar toda la tierra de alrededor de la piedra, fue sacando y sacando. Cuando pensó que ya era suficiente soltó la palita de jardinería y abrazó la piedra con fuerza tratando de levantarla y sólo se oía:

  • Uf, uf, que difícil estás, pero ya te falta poco.

Como no pudo en ese intento se arremangó la camisa, se limpió la frente y de nuevo comenzó a quitarle más y más tierra. Su abuelo, desde su lugar de trabajo, lo contemplaba en silencio sin que él se diera cuenta de que lo observaba y sonreía pensando: “este muchacho tiene mucha determinación” pero no se atrevió a decirle nada.

Abdiel nuevamente soltó la palita y lo volvió a intentar y como por arte de magia ¡La piedra se movió!, y Abdiel saltó gritando:

  • Por fin, que fino, lo logre, lo logre, ya la voy a sacar

Rápidamente buscó la carretilla de su abuelo, la colocó al lado de la piedra y como pudo la cargó, la montó en la carretilla y llevó hasta el final del patio donde no estorbaba. Abdiel corría y corría feliz y saltaba y no dejaba de decir “lo logré, abuelito, mira lo logre”.

A todos los de la casa los llevó para que vieran su gran hazaña. Fue tanta su emoción que llegada la noche cuando se disponía a dormir no podía conciliar el sueño, saltó de la cama y se metió en el cuarto de su abuela diciendo:

  • Abulita, no puedo dormir, - y con la carita todavía iluminada de la emoción - ¿Viste como saqué la piedra?

Y su abuela sonriendo: - Si Abdiel lo vi.

Entonces le recordó a su abuela lo que ella había enseñado hacía mucho tiempo:

  • Abuelita tú siempre tienes razón, yo me acuerdo cuando me dijiste que todo lo que yo me propusiera lo podría lograr. Fue cuando me enseñaste “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.

Y comenzaron de nuevo las preguntas.

  • Abuelita ¿Entonces si yo quiero puedo volar como superman? y si yo..., y si ...,

Sólo se escuchaba la felicidad transformada en risas retumbando por toda la casa.

FIN.

Autora: Marleni Ramos

09/04/2008