Un Cuento Corto.-
EL BAÚL
Cuando me di cuenta me encontraba caminando en un espeso bosque. Había árboles tan grandes que me parecía llegaban hasta el cielo. También había muchos obstáculos los cuales fui superando a medida que los encontraba. Unos mas difíciles que otros pero al pasar por ellos, me daba cuenta que podía seguir avanzando, y que sin importar que otras cosas pudiera encontrar, seguiría adelante.
A pesar de los inconvenientes que había atravesado, el bosque conservaba una belleza mágica, me envolvía como un capullo en su niebla. En algunos parajes el sol no se atrevía a entrar, pero en otros, me iluminaba sin ninguna timidez. Continué mi caminata y escuche a lo lejos, el tenue sonido de una cascada que me hizo evocar otros lugares, lugares donde la calma era la sensación que reinaba. Con esa sensación me fui aproximando al sitio de donde provenía tanta paz.
Cada vez la emoción por estar allí era más fuerte. Finalmente llegue. Al acercarme a la orilla pude observar que sus aguas no ocultaban nada, eran tan cristalinas..., se veían tan puras que más que bañarse lo que provocaba era limpiarse con aquellas aguas, limpiarse de todo lo impuro que llevamos dentro. Se podían divisar las piedras y todo lo que estuviera dentro. Deseaba quedarme allí. No sentía cansancio, dolor, rabia, nada que pudiera perturbarme. Pero un brillo inusual que provenía del río me sacó de mi éxtasis, me introduje al agua y lo vi.
Era un baúl antiguo. Su color era negro, estaba cerrado con correas y hebillas grandes, una a cada lado; por su apariencia desgastada daba la impresión que tenía unos treinta y cinco o cuarenta años hundido o que era el botín que alguien había enterrado y sin saber porque había llegado hasta allí.
Algo me decía: - sácalo, sácalo -lo saqué y sin perder tiempo procedí a abrirlo. ¡No se imaginan la sorpresa que me lleve cuando descubrí su contenido! Por dentro el baúl estaba intacto, seco. Era de terciopelo rojo y estaba lleno de muchas piedras preciosas de todos colores: Jaspe, ópalo, rubíes, diamantes, brillantes y otras que yo desconocía pero igual de impresionantes.
Estaba tan maravillada por mi hallazgo que apenas si pude escuchar una voz que me susurraba al oído: - Así eres tú, con muchas cosa bellas para dar..., a la cuenta de tres vas a volver al aquí y al ahora -. Al despertar mis ojos, estaban bañados en lágrimas y me encontraba acostada en el diván como todos los lunes.
FIN
Autora: Marleni Ramos
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keren -