<!-- @page { size: 21cm 29.7cm; margin: 2cm } P { margin-bottom: 0.21cm } -->
I
Estaba ahí, frente a mi, con su carita de
hambre y asustada y yo... sin poder hacer nada,
no tenía dinero, ni para ofrecerle un bocado
de pan o para comprarle tan siquiera una empanada.
Mi corazón latía y pensaba ¿Será ella?
¿Será la niña abandonada?
II
Sentí en ese momento rabia y desesperación
por no poder darle algo de sustento
para calmar los gritos, los lamentos de su pancita
que se retorcía fría, vacía en descontento,
y me pregunté ¿Dónde está su madre
que la deja tan sola, con hambre y sus tormentos?
III
Sus pies descalzos, su ropa raída, sus
cabellos largos y sucios, su mirada sombría
pensaba que pronto de mi huiría,
pues la fe en el mundo perdió cuando su
madre en una calle solitaria la abandonó.
IV
En un momento de penosa angustia me acerqué
y en su oído susurré
oh pequeña criatura, no huyas no te dañaré,
como una madre te cuidaré
no tengo ni oro ni plata pero de lo que tengo te daré
ven conmigo a mi casa y pronto recobraras la fé
V
Señora ¿Cómo una madre dijo? ¡No quiero!
mi madre me abandonó y pensar en ella no deseo
si me ama como una madre también me dejará sola y con miedo
¡No como una madre no quiero!,
finjo porque no la veo, que no la extraño o no la quiero.
Jamás me verás sufrir aunque en silencio siento que muero
VI
Señora, si daño no me va a hacer
¿Puede contestar la pregunta que le haré?
digame señora ¿Cuánto me va a costar la fe?
¿me la va a regalar usted?
porque desde hace rato reúno las
monedas conseguidas con personas como usted
a ver si algún día yo puedo
llegar a comprar un poco de eso que llaman fe.
VII
Cuando un día por las calles vagaba,
a alguien escuché
que a Dios nunca podré ver
si no tengo de esa fe
y desde entonces prometí encontrar
la que en un triste día vi como corriendo se fue
dígame entonces señora
¿Cuánto me va a costar “eso” que mi alma añora?
VIII
Ven aquí niña hermosa, aunque tu madre te dejó
y no se lo que pasó, segura estoy que aún llora
porque una madre nunca olvida los pesares de otrora
cuando en su vientre estuviste y te alimentaba con su vida
y te alimentaba en su pesada hora.
IX
Madre, no tuve ninguna,
la mía me dejó al nacer, cuando me colocó en mi cuna
pero un vago recuerdo conservo, me cantaba atuna que tuna tuna
con su cara triste y enferma pegada junto a la mía
pues ella moría cuando yo nacía
su vida dio al saber que yo existía y ella parir no podría
pero su amor fue tanto que prefirió dar su vida a cambio de la mía.
X
Si esto a ti te digo es porque perdonarla aliviará tu corazón herido
piensa que ella siendo tu madre, cuando cuidarte no pudo,
prefirió dejarte para que otro te diera lo que ella nunca tuvo
no deseaba verte sufrir, pasar hambre o verte morir
perdona a tu madre que débil fue y abandonó antes
que a ti, su preciada fe
XI
Vamos niña, vamos pronto, corramos a casa
que poco a poco con amor, pan y sin plata
encontrarás la fe que tanto te hace falta
Dios te ama, no lo olvides, por ti murió
y tus pecados en la cruz enjugó,
donde por todos padeció para perdonarte
a ti y a mi y a todo aquel que tanto daño
te causó.
XII
Te vi, mi corazón latía como pájaro en plena huida,
parada frente a mi, con tus manitas vacías y yo decía
Es ella, es ella, la niña abandonada, es mi niña amada.
No temas yo enjugaré tus lágrimas, yo calmaré tu sed,
yo seré la luz y tu camino alumbraré
para que pueda ver donde está tu fe
XIII
Al verte la alegría embargó todo mi ser
y al instante supe lo que tenía que hacer
amarte, amarte y amarte a más no poder
Sólo espero me perdones por lo que vas a saber
soy tu madre que un día viste por la calle correr,
no por mala, no por desamor, no te podía sostener.
me daba mucho dolor no poder alimentarte
y darte solamente amor.
XIV
Madre, madre mía, como no perdonarte
si encontrarte era lo que más quería
y saber porque me dejaste, saber que razón tenías
porque la rabia y el sufrimiento me carcomían cada día
y ahora te encuentro y poder saber por que lo hacías,
no sabes que feliz que me siento
¿Perdonarte?... perdonarte es lo mas fácil que por ti haría.
XV
Hija, hija mía mía tu reviviste mi vida
dándome la paz y el consuelo que no tenía
gracias por perdonarme pues vivir ya no quería
la soledad nunca ha sido una buena compañía
entre llantos y recuerdos a eso le temía
XVI
No llores más madre querida que tu soledad
mas la mía han segado las penurias de los pasados días
desde ahora y para siempre ya no habrán noches frías
con maravilloso reencuentro nos haremos compañía .
XVII
Sólo se que en en este maravilloso momento
recobre a mi madre, que recobre mi fe,
recobre la alegría que todos llevan dentro
en el mismo callejón donde un día vi
como de mi huían corriendo.
Autora: Marleni Ramos
04/2008